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REVISTA CALIDAD EMPRESARIA EDICIÓN 80 

 

maggie

 

 

MARGARETH HENRIQUEZ

 


  

Los líderes de hoy y del mañana

Por Margareth Henriquez, presidente de Bodegas Krug. 

 

Durante las últimas décadas la tecnología ha contribuido sin duda a integrar el mundo en un solo mercado dando lugar a la -ya muy conocida- globalización que al mismo tiempo ha intensificado la competitividad.

 

Todo ello acompañado por los cambios demográficos y generacionales que han definido cambios en las organizaciones, pasando de las estructuras piramidales, funcionales, homogéneas y con objetivos estratégicos enfocados en la eficiencia a organizaciones moleculares, totalmente diferentes, heterogéneas, diversas y cuyo objetivo estratégico está alrededor de la innovación. Pues bien, este cambio en las organizaciones ha determinado nuevos estilos de liderazgo. En la actualidad y hacia adelante se requieren líderes con nuevas características, algunas de ellas encuentran eco en rasgos muy predominantes en el género femenino. Recuerdo hace ya unos 10 años, saliendo de Paris, en un suplemento especial del periódico francés llamado Figaro, descubrí un artículo cuyo título era: “A los gerentes hombres, hay que decirles que saquen a la mujer que llevan dentro”. Con todo lo que esto pueda llamarnos la atención, existe una realidad muy clara y es que se requieren nuevos estilos de liderazgo para enfrentar los retos del presente y del futuro. El liderazgo del pasado no tiene hoy ninguna oportunidad. El cambio de perfil de los líderes de hoy y del mañana, entre otras muchas cosas, abre una nueva oportunidad para el desarrollo de la mujer en el mundo laboral, al mismo tiempo que sabremos encontrar riqueza en la diversidad. Hoy la categoría es gente, no es hombre ni mujer. Para enfrentar los retos de mayor competitividad y eficiencia nuestras empresas, organizaciones y sociedades necesitarán la complementariedad y la disposición holística que surge de la totalidad de la experiencia humana. El liderazgo, cuya definición puede ser compleja y diversa o simple, como dice una amiga psiquiatra muy brillante: “el líder es alguien interesante”. De mi parte entiendo por líder aquel que sabe emprender un proyecto y logra adherir a aquellos quienes lo pueden ayudar a lograr el objetivo. Los rasgos de liderazgo se pueden encontrar a todos los niveles y edades, pero cuanto hablamos de él en su término más amplio, sin duda nos estamos refiriendo a aquellos quienes en sus roles definen el destino de empresas, instituciones y sociedades. Ese líder cuya función es la de producir más líderes y no mas seguidores. En mis casi cuarenta años de experiencia profesional vi pasar de tener que llamar a una operadora para hacer una llamada al extranjero y esperar a que sea hecha, de celebrar la sorpresa de la llegada de la fotocopiadora a esta era de interconectividad cuyo desarrollo pareciera no tener límites. Los cambios requeridos en los nuevos líderes, necesitan tiempo, formación, cambios generacionales y culturales, mientras que los cambios mismos suceden a una velocidad extraordinaria. Esto acompañado de la necesidad de producir contenidos en pocas palabras, de lograr efectos casi inmediatos, de un bombardeo inmensurable de información que han incrementado -de manera preocupante- el espacio para el populismo y nos encontramos en un mundo ávido de nuevos y buenos líderes. Un mundo que grita en silencio la necesidad de un liderazgo basado en valores. En esta era de la información y el conocimiento el líder moderno debe comprometerse con el desarrollo de sus habilidades cognitivas, esto pasa por el desarrollo de competencias técnicas y profesionales, por un nivel de apertura y alcance global, acceso permanente al aprendizaje y a la tecnología, la detección y resolución de problemas y necesariamente el manejo de varios idiomas. Al mismo tiempo sabemos que en la medida que la responsabilidad crece, el peso de la inteligencia emocional aumenta, las necesarias competencias personales e interpersonales son determinantes para el buen ejercicio del liderazgo. El liderazgo transformador -representado por ese líder visionario que imagina el futuro, no teme a tomar riesgos, encarna el interés colectivo y subordina su interés individual- sabe mantener altas las expectativas y crea las condiciones para lograr los objetivos, celebrando los logros sin llegar nunca a la meta, ya que de la cima de la colina solo se puede bajar. Yo creo en el líder que motiva, seduce, crea las condiciones para la innovación, permite el error, promueve el trabajo en equipo, apoya y contiene a sus equipos. El líder mentor, generoso, con conciencia social cuyo éxito es el desarrollo y la transformación de otros. Yo creo en ese líder que sabe conectarse al mundo a través del amor, decía Quevedo: “Solo el que manda con amor es servido con fidelidad”. Yo creo en el líder espiritual, el líder inspirador, el líder que logra comunicar su visión claramente a otros, persuadiendo a sus equipos para que la hagan propia. El liderazgo en todo su esplendor es el que se ejerce dejando a su paso florecimiento, transformación, esperanza, entusiasmo y crecimiento. Nuestros países jóvenes, muy aturdidos con los cambios de las últimas décadas, están necesitando líderes con todo el peso de la palabra. Cuando nos damos cuenta que la crisis de liderazgo está en todas partes, en los grandes países y los pequeños, debemos reflexionar, tomar conciencia y hacer todo lo necesario para formar los líderes del mañana. El líder del que yo hablo: moderno y de servicio, se traduce en un liderazgo que entiende que todo comienza con su ejemplo, que más vale una acción que mil palabras, que cada acción determina un precedente y que los mismos requieren de la visión de largo plazo y la responsabilidad para entender las implicaciones y asumir sus consecuencias. El líder debe ser predecible y capaz de formar equipos en los cuales los valores y compromisos estén alineados al objetivo deseado. El líder del que yo hablo es aquel quien frente al éxito reconoce a quienes han contribuido a materializarlo, hace sentir a sus equipos responsables de los logros obtenido pero, a la hora de un fracaso, no busca el error en sus equipos, simplemente se cuestiona a sí mismo logrando encontrar los errores que ha cometido y no han permitido que el equipo llegue al objetivo. Ese liderazgo en el que yo creo es el que me ha inspirado desde 1989, año en el que me convertí en gerente general por primera vez y desde entonces ha guiado mi camino como dirigente de empresa. Líderes de primera se rodean de gente de primera, líderes de segunda se rodean de gente de tercera. Nuestros países requieren de estos líderes de primera, honestos y respetuosos, decididos a crear las condiciones para el éxito de sus organizaciones o naciones, un éxito sostenible, que asegure el desarrollo, el crecimiento, el respeto de individuos e instituciones y como consecuencia el orgullo de todos quienes participan en ellas. Quisiera terminar este escrito con una historia real que me sucedió en abril de 1995, estaba cursando en Harvard el programa avanzado de gerencia en el curso de macro economía. Uno de los alumnos, todos CEOs de empresas importantes del mundo entero, comentó sobre el éxito de la Argentina en ese año en el que México había devaluado su moneda de manera importante y la Argentina no. El profesor, un hombre mayor quien había formado parte del equipo económico del gobierno de Reagan, le dijo para sorpresa de todos, incluyéndome: “No, para nada, Argentina está vendiendo todos sus activos y los está convirtiendo en gastos improductivos, los activos se terminarán y luego acudirán a préstamos, como la economía se estará moviendo, obtendrán los préstamos, pero mas adelante no podrán pagarlos -no me he confundido, dije 1995 y fue el 18 de abril de 1995. El mismo alumno le dijo: Pero profesor, esos son países muy ricos, a lo que el profesor respondió: “Discúlpeme, me gustaría aclararle lo que es la verdadera riqueza. Taiwán, 23 millones de habitantes y solo piedra debajo de la tierra y mire Ud., la riqueza que han construido sobre la tierra. Venezuela, 23 millones de habitantes, es imposible acumular mayor riqueza debajo de un pedazo de tierra y miren la pobreza que han construido sobre esa ella. Porque la verdadera riqueza mi querido amigo, es el trabajo. Nunca podré olvidar esta historia porque soy venezolana y de este hecho hace ya más de 22 años y, desde entonces, cuanta más pobreza hemos sido capaces de acumular sobre esa tierra por falta de auténticos y verdaderos líderes, por falta de líderes de aquellos en los que yo creo.

 

 

Este artículo podrá encontrarlo en la página 6 de la Revista Calidad Empresaria Edición N° 80.

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